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viernes, 17 de noviembre de 2017

RESEÑA Último Verano en Tokio



Autora: Cecilia Vinesse
Título Original: Seven Days of You
Traductora: Victoria Horrillo Ledesma
Editorial: Puck (Colección Latidos), 2017
Rústica con solapas, 320 págs.
Autoconclusivo
Género: Juvenil, Contemporánea, Romance, Young Adult
Sophia tiene siete días. Una semana antes de que su vida cambie para siempre.
Nacida en Japón, de madre americana y padre francés ahora divorciados, Sophia vive a caballo entre dos continentes. Tras pasar los últimos dos años en Tokio rodeada de otros adolescentes expatriados como ella, está a punto de regresar a Nueva Jersey con su madre y su hermana.
Tan solo le quedan siete días para disfrutar de sus amigos. Siete días para despedirse de Tokio, la ciudad que ha llegado a considerar su hogar. Siete días para vivir intensamente el día y la noche, para averiguar qué siente en realidad por Jamie, el chico que siempre le ha gustado en secreto… y qué significa ella para él.
Un plazo muy breve… o muy largo tal vez. Porque siete días pueden ser suficientes para transformar relaciones que parecían inamovibles, para sacar a la luz secretos, traiciones y viejos resentimientos y para albergar no solo finales sino también, tal vez, nuevos comienzos.
Cuando vi anunciada la publicación de esta novela, me di cuenta de lo abandonadito que está el continente asiático en cuanto a ambientación de historias contemporáneas, porque a no ser que el propio autor sea de allí, es muy difícil encontrar historias que se desarrollen por allí. En general, no llevaba ninguna expectativa en concreto y simplemente me apetecía leer algo distinto en una ciudad que muy poquitas veces tengo ocasión de ver en la literatura (y mucho menos juvenil), así que la historia de Sophia me ha enganchado desde el principio porque no sabía muy bien qué podía esperarme.
Sophia es una chica tímida, responsable y tranquila, la hija pequeña de una familia con circunstancias un poco peculiares que la ha tenido de acá para allá mudándose desde que es una niña pequeña. Por ello ha tenido que enfrentarse a la misma situación durante años: despedirse de la gente que le importa y tener que hacer nuevos amigos. La protagonista tiene algo especial, quizás sea su tono o su manera de procesar lo que le está pasando, pero los sentimientos que transmiten son perfectamente comprensibles bien porque es una situación muy verosímil o bien porque la autora parece ser que habla por propia experiencia, así que es muy fácil conectar con todo lo que Sophia siente.
Respecto a su entorno, su grupo de amigos está formado por Mika, David y Caroline, unos personajes que me han tenido un tanto confusa porque a ratos me caían bien y a ratos mal. Su mejor amiga Mika tiene como una doble personalidad porque a veces parece una tía súper enrollada y con buenas intenciones pero otras veces me ha parecido bastante egoísta. Por otra parte, la nueva del grupo es Caroline y a pesar de que parece una animadora americana de manual, es la que mejor me ha caído porque no aparenta ser una falsa. Al que no he podido soportar ni un poquitín ha sido a su supuesto mejor amigo (barra, “chico que le gusta”) David, porque literalmente es un capullo integral que sólo quiere que le rían las gracias y que las chicas suspiren por él, incluidas sus amigas, que se reducen a Sophia y Mika. Además, en el contexto de la situación de Sophia también podemos ser testigos de su situación familiar, una relación un tanto dificil con su hermana mayor que apenas habla con ella y un padre que tiene una nueva familia en Francia y que le da largas para que Sophia vaya a visitarlo.
En cambio, el personaje que más me ha gustado ha sido Jamie, el chico que trae a Sophia por el camino de la amargura cuando decide volver a Tokio justo una semana antes de que ella se haya ido y al que no quiere volver a ver porque, chan chán…, asuntos pendientes del pasado han conseguido que no se hayan hablado durante 3 largos años mientras él ha estado viviendo en un internado en Estados Unidos. Ese pasado en común dejó unas cuantas heridas abiertas que ninguno de los dos ha querido cerrar por orgullo y otros sentimientos, así que tienen por delante una semana intensita. Jamie resulta ser un chico encantador, comprensivo y con un sentido del humor muy alegre, así que Sophia tendrá que aguantarse encima con tanta amabilidad cuando lo que había esperado sería un poco de rencor.
El resultado es que entre Sophia y Jamie hay muchísima química y las situaciones entre ambos hacen que queramos leer más y más para llegar al siguiente encuentro. Creo que este interés es lo que le da un ritmo tan rápido a la novela, aunque el hecho de que haya una cuenta atrás constante en la novela también debe de influir porque los capítulos son muy cortos y van contando los días, las horas y los minutos que faltan para que Sophia coja su vuelo a Nueva Jersey. Toda la novela tiene bastante velocidad porque dado que los tiempos en que ocurre todo son muy reducidos, todas las escenas están muy condensadas y se suceden sin que apenas haya pausas. Me recuerda bastante a una serie de películas (“Antes del amanecer” y sus secuelas) en las que todo sucede en una noche, porque en esta novela incluso hay noches en que Sophia y sus amigos ni siquiera van a casa a dormir.
Sin embargo, hay un gran “pero” en esta historia y es, sin duda, el margen de tiempo. Nunca me han parecido muy realistas los romances de unos días, que no quiero decir que no existan los flechazos, pero el sentimiento que intenta transmitir la novela me parece demasiado precipitado porque en apenas 3 o 4 días (dado que el resto hasta la semana completa ya ni los cuento porque posible spoilerya están completamente locos el uno por la otra, así que vivimos un romance al completo, desde el inicio en que ella no quiere ni volver a verlo hasta ya os imagináis quéfin del posible spoiler). Aunque debo reconocer que no es un instalove, ni mucho menos porque en esta relación el tiempo es muy relativo y por eso tampoco me ha molestado mucho esa condensación de los acontecimientos en unos días. Entiendo que como la relación viene de varios años antes, en estos días en que transcurre la novela simplemente los sentimientos ya están a flor de piel.
En cambio, el final me ha parecido bastante realista sin ser excesivamente edulcorado ni un drama de llorera, así que en general el sabor que deja la novela al terminar es muy agradable. Por lo demás, personalmente volvería a leer cualquier historia de esta autora porque su narración tiene algo muy sencillo y a la vez muy profundo, que creo que también se debe a la buena traducción que ha tenido la novela porque utiliza un lenguaje adecuado a la edad de los protagonistas y expresiones muy coloquiales, además de utilizar muchos términos japoneses para respetar la ambientación. Así en definitiva, una lectura que me ha durado un suspiro y que me ha servido para conocer a otra autora juvenil.
Resumiendo, he disfrutado muchísimo con esta novela porque tiene algo entrañable más allá del romance, con muchos matices por la situación que atraviesa la protagonista y con un trasfondo familiar y de amistad más profundo del que parece a simple vista tras leer esa sinopsis tan típica. Es una historia recomendable para lector@s que disfruten con la literatura juvenil en general, pero seguro que más de un@ podrá sentirse identificado porque el hecho de tener que marchar a otro lugar a vivir, despedirse de amig@s o tener que conocer gente nueva. Una novela rápida, sencilla y muy entretenida que relata una relación inacabada como puede suceder en determinadas circunstancias en la vida real.
*Nada más, sólo agradecer una vez más a Puck Ediciones por haberme enviado amablemente un ejemplar para poder disfrutar de esta historia.
¿Os gustaría conocer esta historia?
¿Os habéis tenido que mudar para no volver?

martes, 14 de noviembre de 2017

RESEÑA Butter



Autora: Erin J. Lange
Título Original: Butter
Traductora: Natalia Aróstegui
Editorial: Naufragio de Letras, 2017
Rústica con solapas, 362 págs.
Autoconclusivo
Género: Realista, Juvenil, Drama
Butter tiene 17 años y pesa 190 kilos.
Su madre trata de hacerle feliz a través de la comida y su padre no le dirige la palabra desde hace años. Antes, trataba de sobrevivir al instituto por las mañanas y, por las noches, tocaba el saxofón a la luz de la luna, mientras pensaba en la chica de la que está enamorado.
Y ahora, Butter es el chico más popular del instituto.
Pero esa popularidad tiene fecha de caducidad: Nochevieja. La noche en la que prometió conectar su webcam y cumplir su plan de comer hasta morir, la noche por la que todos lo admiran y la noche que tanto teme.
Brutal y genuina, Butter es una novela sobre el silencio ante el acoso escolar que, a través de la desgarradora voz de su protagonista, narra una historia que podría estar pasando en tu propio instituto.
No hace mucho una lectora pedía en una red social que le dijéramos recomendaciones de libros en los que l@s protagonistas tuvieran sobrepeso, utilizaran tallas grandes o no tuvieran el típico cuerpo idealizado, al menos, para sentirse alguna vez identificada con ell@s. Su petición me llamó la atención porque me puse a pensar y lo cierto es que sólo se me ocurrieron un par de propuestas. La mayor parte de las veces los personajes con sobrepeso suelen ser el vecino adorable de la protagonista o el mejor amigo adicto a los videojuegos del protagonista de turno. Así que en cuanto vi que Naufragio de Letras iba a apostar por una novela de estas características, simplemente no me la podía perder. Además que la sinopsis es tan inquietante como morbosa, porque trata básicamente de un suicidio anunciado y televisado en primera persona.
Butter es un protagonista complejo y si no reunís sus características, es muy difícil poder ponerse en su lugar en un principio, porque no es que tenga un problema de obesidad mórbida, sino que además su personalidad tiene muchas particularidades que le dan un carácter muy complicado para poder conectar con él. Así que lo mejor es, sencillamente, aceptarlo tal y como es. Butter es un chico cínico y antisocial, al que sólo le importa comer cuando todo lo demás le falla, que prácticamente es todo lo que le rodea. No tiene amigos en el instituto pero tampoco le interesa hacerlos, no quiere tocar en la banda a pesar de que le apasiona tocar el saxofón, no quiere dirigirle la palabra a la chica que le gusta pero se pasa todas las noches conectado al chat como un alter ego hablando horas con ella sin revelarle su identidad… Y así con todo. Butter tiene muchas contradicciones  pero su entorno no ayuda para nada a su situación: debe adelgazar por prescripción médica pero su madre lo premia con más comida, debe seguir el ejemplo de su amigo Tucker que ha conseguido un peso aceptable pero le corroe la envidia y termina enfadándose con él, etc, etc.
En conjunto, un panorama muy interesante con un montón de matices en lo que no todo es blanco o negro como quiere hacernos ver Butter, porque en medio de toda la situación, la autora contextualiza el estigma que lleva el chico encima mostrándonos los muchísimos problemas con los que tienen que lidiar las personas con sobrepeso (o con obesidad, en este caso), que no siempre se tienen en cuenta por el resto (temas polémicos como el sobrecoste en los asientos de los aviones o las plazas para discapacitados en los aparcamientos y parkings públicos). Y sobre todo, el rechazo que, por algún motivo incomprensible desde la razón, causa el problema de estas personas en el resto de la sociedad, lo que se traduce en el acoso y bullying sistemático entre los más jóvenes.
Esta ha sido la parte más dura de la novela porque el acoso escolar está presente en toda la historia de Butter y lo peor es que, como se deja entrever en la sinopsis, el chico ni siquiera parece ser consciente de ello porque de alguna manera, que se metan con él en el instituto lo ha “ayudado” a dar un paso adelante y hacerse visible a los demás gracias a su descabellado plan de morir de un atracón delante de todos. Este arrebato en un momento de debilidad emocional, da un giro radical a su vida porque pasa de ser el “gordo” antisocial al popular “Butter”, el chico que va a retransmitir su suicidio en streaming y que va actualizando su blog e interactuando con todos aquellos que quieren formar parte de esa locura televisada. Es decir, cualquiera podría ver que es BULLYING con mayúsculas, pero para él supone la popularidad y la visibilidad que nunca ha tenido. Hay escenas de acoso que dan verdadera angustia por cómo se siente Butter en cada momento y que muestran muy bien el particular infierno que puede llegar a ser sufrir esta situación.
Otro tema central de la novela y que queda perfectamente visible en la sinopsis es el suicidio. Butter no lo reconoce pero se siente invisible y lo único que quiere es una vida normal, empezando por que la gente lo acepte. Es verdad que llamar la atención de una manera tan dramática es pasarse un poquitín pero muy efectiva, así que paulatinamente se da cuenta de que ha conseguido sin proponérselo lo que quería: relacionarse con la gente de su edad, de una manera muy retorcida pero que le sirve para empezar a plantearse si quiere seguir adelante con su plan para mantener su nuevo status de celebridad o abandonar el reto, seguir con vida pero humillado por ser un cobarde y no atreverse. Es absolutamente una locura visto desde fuera, pero el dilema de Butter es real y sus sentimientos contradictorios quedan reflejados a la perfección, que hasta el lector puede llegar a entender el porqué de sus dudas.
Sin embargo, a pesar de los temas tan delicados que toca, la novela tiene un tono muy distendido que en ningún momento nos deja un nudo en la garganta por muy dura que sea la escena descrita. Butter es un narrador muy sencillo, que comunica sus sentimientos de una manera velada y que deja que sea el lector el que deduzca lo que debe de estar sintiendo (básicamente porque él que se encuentra en un estado de negacionismo que le impide ver lo que está sufriendo en realidad). El estilo de la autora a través de las palabras de un chico de 17 años es muy fresco y actual porque además de los múltiples diálogos y los pensamientos sarcásticos intercalados, también hay conversaciones por chat con los típicos globitos y también las entradas y los comentarios en el blog de Butter, así que en conjunto la edición resulta muy atractiva de leer cómodamente.
En todo momento me ha parecido una novela respetuosa y con mucha psicología que nos ayuda a entender desde otro punto de vista cómo puede llegar a sentirse un chico tan real como Butter (que representa a tantas personas a nuestro alrededor), con problemas de autoestima, de seguridad en sí mismo y que pese a ser tan enorme se siente diminuto en una sociedad que no lo ve tal y como es y sólo es capaz de ver su físico. Así que además de entretenida por el inminente banquete final de Nochevieja, la novela consigue también remover conciencias y conmover de una manera muy sencilla porque en ningún momento se trata de un dramón sensiblero, ni siquiera cuando toca un tema tan delicado como lo es el suicidio adolescente. 

Por todo ello, “Butter” ha terminado siendo mucho más de lo que me esperaba porque aunque tenía claro que el morbo de saber cómo acaba me iba a ayudar mucho a leer con rapidez, ha resultado ser una historia mucho más profunda de lo que esa sinopsis tan sencilla pero atrayente deja ver sólo en la superficie. Incluso viendo que últimamente la sociedad está más concienciada respecto a estos temas y la industria del cine y la televisión se va animando con adaptaciones de novelas sobre el acoso escolar como “Wonder” (“La Lección de August”) o “Por trece razones”, que a nadie le extrañe que esta historia terminara captando la atención para poder verla en pantalla dentro de unos años.


En pocas palabras: terriblemente realista y morbosamente adictiva. Hay muy pocos libros con esta temática a pesar de que ya son varios los que se atreven a novelizar dramas adolescentes sobre trastornos alimenticios pero suelen ser referidos a enfermedades más estigmatizadas como la anorexia y la bulimia. En este caso, la autora se ha atrevido con otro de los grandes tabúes de nuestra sociedad: el acoso que casi sistemáticamente sufren las personas con problemas de obesidad. A partir de ahora, por descontado que ya sabré recomendar una novela en la que un@ lector@ pueda sentirse identificado cuando me pregunte por una novela en la que el protagonista no es un modelo de catálogo.
*Termino agradeciendo de nuevo a Naufragio de Letras por confiarme su nueva publicación y enviarme un ejemplar con tanta amabilidad.
¿Conocíais esta novela o a su autora?
¿Os gustan las novelas con problemas de la vida real?